Mirad desde más alto

Residentes de la XVIII promoción, tras el acto de inauguración del curso 2019-2020.
>
Escrito por Antonio Gala

¿Qué podría yo deciros a vosotros que escribís, que pintáis, que componéis? Que lo hagáis: que os preparéis a conciencia, y que lo hagáis. Gratuitamente, enamoradamente, devoradoramente. Si no, sería mejor que os dedicarais a cosas más normales. El trabajo en escasas ocasiones se hace con amor. El trabajo multiplicador del hombre y la mujer, el trabajo que los cumple, que los realiza debe ser un trabajo enamorado. A ese trabajo es al que yo os invito. Los dos modos en que yo me he sentido más vivo y unido a los demás han sido leyendo y escribiendo. Y quizá sea lo que mejor hago: figuraos cómo haré el resto.
Lo que además quiero deciros, en este día en que inauguramos una nueva promoción (la número 18, la de la mayoría de edad) de esta casa, que ahora es vuestra, es que la literatura, o la música, o la pintura, lo mismo que la vida, es sacar consecuencias, trascender en su estricta acepción, mirar desde más alto. Si no, será que no hemos ascendido, que estamos donde estábamos: sin perspectiva, embarullados, entre facturas, asuntos, despedidas, prisas, teléfonos… O sea, entre esas cosas con que los escritores, o los músicos, o los pintores, por descontado, habéis  de vivir; pero que, también por descontado, habréis de aprender a contar cada día mejor. El acto de la creación lleva en sí su propia dicha y su propia desdicha, la compañía y la soledad. Lo que sobrevenga luego, sea éxito o fracaso, no afecta esencialmente al creador, ni aminora la soledad sentida ni le presta la compañía sustancial interior que todo ser humano, cada uno de una forma personal, necesita, es decir, necesitáis.
Por eso os animo, igual que ya hice en las promociones anteriores, a que seáis felices aquí, y que os cumpláis como sois. Y a que llevéis siempre con vosotros el lema de la Fundación: pone me ut signaculum super cor tuum (ponme como una señalita sobre tu corazón). Algunos de los que han pasado por aquí antes que vosotros están acompañándonos en este día en que os damos la bienvenida, y se les nota esa señalita que llevan grabada a modo de tatuaje (ellos saben perfectamente de lo que hablo: vosotros lo descubriréis). Seguro que estarán pendientes de vosotros, y a vuestra disposición, sabiendo que no vais a defraudarlos. Yo también lo creo.
Bienvenidos, y disfrutad de vuestra estancia entre los muros de este convento que, a partir de ahora, será también vuestra casa.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*